Receta para un mar

Cierro los ojos y siento
la caída de la lluvia.

Los autos, a lo lejos, suenan sordos
como un rumor de olas
que se  e  n  s  a  n  c  h  a   en el horizonte

y sus faros son faros,
parpadeantes,
sus sirenas son sirenas

y cualquier farola es un buen mástil
para amarrar mi vértigo,

este vértigo de arena y de relojes.

Por un segundo
entre tanto ruido se filtra
la calma.

Pruebo la mañana posada en mis labios
y casi tengo el sabor
exacto.

Sólo falta…
(¿será eso?)
una pizca de sal.