La culpa y el vino

La culpa y el vino fermentan
en barricas de roble viejo
donde no alcanza la luz.

Y así crecen
tenebrosos
y persistentes en el paladar
amarrándose a la lengua
a la raíz de las dudas.

La culpa
y el vino:
las barricas los abrazan
con sus fuertes costillas de roble,
consumiendo su dulzura.

En los dedos lentos de la madera
hay grabado un sabor
como la marca de un camino
y cada vez es más sencillo destilarlo
cada vez trae un color más profundo
como la herida de un relámpago
reabierta
cada vez.

Las barricas abrazan al prisionero
que tienen encerrado en sus entrañas,
a oscuras,
ciego,
rogando por un estallido de luz que lo rescate
del universo circular que lo contiene.

La culpa
y el vino
crecen.

Quisieron ser aroma y fueron cuerpo
caminando silencioso por la tierra
con un grito reventándole en las sienes.

 

 

 

 

 

La imagen es de Antonio M. Romero Dorado (licencia CC BY SA 4.0)