Bebida para una tarde de tormenta

Un trueno que estremece el aire entero
me encuentra estremecido en tu mirada:
redonda como el mundo; y afilada
en la luz que apuntala el aguacero;

que envuelve en su murmullo marinero
tus dientes como azúcar desatada,
el clavo de tu risa despeinada:
borrachos de canela y de febrero.

Prende la luz, que rompa a hervir la tarde
mezclando los sabores ya impacientes:
la historia no la escriben los cobardes.

Nos sirve de tazón el inocente
ombligo que resbala cuando arde.
Bebamos, nos bebamos lentamente.

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