La lengua rota

De una esfera naranja
flotando baja en el cielo
encerrada en una foto,
nadie sabe a ciencia cierta
si amanece o atardece
o si cuelga de una rama.

Como nosotros
en un momento cualquiera:
así, quietos,
nadie podría haber dicho si estábamos
ilusionándonos o desenamorándonos,
enamorándonos o desilusionándonos.

Nadie podía saberlo:
ni tú allá fuera con los ojos abiertos,
ni yo acá dentro con los ojos cerrados.

Y quisiera hablar del día que esa esfera naranja
se arrancó la piel
de cuando su luz gritó en mis ojos
estallando
con un furioso recuerdo de cuando era flor,

sí, quiero hablar del día que esa esfera naranja
recordó que era un sol y reventó en la tarde,

pero tengo la lengua rota:
no sé contarlo aún.

Pregúntale a Ícaro por el sol:
cruzará los brazos cubiertos de cicatrices
y callará, mirando absorto el aire.

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